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¿Es posible que los bancos concedan más crédito que ahorro disponible? II

En el post anterior no quise entrar en ejemplos más complejos como el funcionamiento de una titulización hipotecaria o la adquisición de bonos, por simplificar.   Pero ya que más de un lector de facebook me ha preguntado,  paso a describir como sería.

La cuestión es que al final veréis como siempre se llega a un bien presente.  Analicemos la compra de un bono del tesoro:

  1. Un abogado recibe unos honorarios de 2.000€ a cambio de su trabajo.   Su trabajo es el bien presente, y los 2.000€ de su salario el bien futuro.    El abogado otorga crédito a su cliente a través del banco al aceptar los Euros a cambio de su trabajo.
  2. El abogado decide acudir a una subasta de bonos del Tesoro, cambia los Euros por bonos y pasa a convertirse en acreedor del Tesoro en lugar de acreedor del Banco.  Intercambia bienes futuros (Euros) por bienes futuros (Bonos).
  3. En este momento parece que el Tesoro ha conseguido los Euros sin dar un bien presente a cambio,  y parece que hay más bienes futuros que bienes presentes en el sistema (más crédito que ahorro)  ¿Estan los bonos respaldados por un ahorro futuro que aun no existe que son las recaudaciones de impuestos futuras?  No, esas recaudaciones servirán para pagar el bono cuando venza.    Lo que respalda el Bono son bienes presentes como el material de oficina que que el ministerio compra o el trabajo desempeñado por los funcionarios, que aceptan aquellos Euros resultantes de la venta del bono como salario.  Los ministerios o administraciones de turno se endeudan a través del Tesoro para pagar todos esos bienes presentes, esa es la razón por la que el Tesoro se endeuda y el origen de la necesidad de emitir bonos.

Por reducción al absurdo, si no existiesen bienes o servicios que el Tesoro pudiese adquirir, ni ningún funcionario al que pagar, la emisión de Bonos sería una transacción estéril y sin ningún sentido económico (pagar intereses para nada), no se emitirían.   Lo mismo pasaría si los proveedores y trabajadores se negasen a aceptar los Euros que les quiere dar el Tesoro.

¿Es posible que los bancos concedan más crédito que ahorro disponible?

Rotundamente no.  Y no es posible porque el crédito consiste en el intercambio de bienes presentes (ahorro) por bienes futuros.  Para entendernos, yo te compro algo que tú me entregas hoy (bien presente / ahorro) , y a cambio yo me comprometo a devolverte algo en el futuro (bien futuro).

La Teoría del Tiempo Económico de Carlos Bondone demuestra que la moneda, cuando es crédito, tiene su origen en el mercado, porque es el mercado quien le otorga valor al aceptarla a cambio de entregar bienes presentes.

La Teoría Austriaca del Ciclo Económico sostiene que uno de los principales motivos de los ciclos económicos y las consecuentes crisis es el hecho de que el sistema bancario conceda más crédito del ahorro que hay disponible.   Por ejemplo:  Un minero que tiene 100 monedas de oro las presta a un Banco durante 5 meses, y el Banco se las presta a un emprendedor durante 5 años.   Según los austriacos tendríamos más promesas que ahorro disponible (100 monedas de oro), y no creo que sea así por las siguientes razones:

  1. Para empezar aquí el Banco no es quien origina el crédito, tan solo lo intermedia.  El que concede crédito es el Minero, que es el que entrega bienes presentes.   El Banco no es propietario de ningún bien presente.
  2. Durante los primeros 5 meses el Minero renuncia a disponer de sus monedas de oro, por lo que solo el emprendedor hace uso del ahorro disponible, que sería 100.  No hay doble disposición.
  3. Llegado el quinto mes, cuando el Minero reclama sus monedas de vuelta, el Banco no se las podrá devolver, con lo cual el Minero tendrá que esperar 5 años hasta poder disponer de sus monedas.  Tampoco hay doble disposición.

Sin embargo, estaremos de acuerdo que la actitud del Banco no es realista, porque sabe muy bien que en 5 meses se descubrirá el pastel y el enfado del Minero será monumental.   Tiene que idear algo para poder salirse con la suya.   Y lo realista en este caso sería que por ejemplo el Banco le entregue al Minero un papel donde promete entregar 100 monedas de oro pero sin ninguna fecha de vencimiento que obligue al banco a entregarle el oro al Minero.    Así, el banquero solo actuaría de la forma en que lo hace cuando sabe que el Minero consentirá en aceptar que ese papel es tan valioso como el oro y que puede usarlo para comprar cosas.  Con esto el Banco consigue que el Minero renuncie a sus monedas de oro de forma indefinida.

Es en esta situación cuando verdaderamente podríamos plantearnos una doble disponibilidad sobre las 100 monedas de oro.    Recordemos que el emprendedor dispone de ellas durante 5 años, y ahora el Minero también puede hacer compras con su promesa ¿con cargo a esas mismas monedas de oro?.     Pues realmente eso no es así.  ¿Por qué? porque cuando el minero compre por ejemplo herramientas para extraer oro, quien está otorgando crédito es el propietario de las herramientas, que entrega un bien presente (las herramientas)  a cambio de un bien futuro (la promesa del Banco que le entrega el minero al dueño de las herramientas).

Las 100 monedas de oro están respaldadas por el ahorro que ellas mismas representan, y la promesa de entrega de 100 monedas está respaldada por el ahorro que representan las herramientas, y esto último es así porque quien otorgó valor a la promesa fue el propietario de las herramientas y no ninguna otra persona.   Si el propietario de las herramientas no otorga crédito a la promesa, ésta jamás podrá circular.    Y tampoco podría circular si no existiese nada que comprar, sería un papel estéril guardado en un cajón que no tendría ningún efecto en la economía.

Para que sea más sencillo supongamos que en la economía no hay más personas que el Minero, el Banquero y el Emprendedor, y que quien fabrica las herramientas es el Emprendedor.    De forma que el Minero solo podrá comprar las herramientas cuando estén acabadas, pongamos que en 2 meses.  Un momento, ¿Entonces la promesa está emitida contra el ahorro futuro del Emprendedor?   Tampoco, porque desde un punto de vista económico a nosotros solo nos preocupa la promesa cuando se intercambia, no cuando por la razón que sea esté en un cajón guardada.       Otra forma de verlo:  ¿Que efecto tiene en la economía el hecho de que alguien, por muy honorable y cumplidor que sea, firme pagarés para  guardados en un cajón? Evidentemente ninguno.

Por tanto, la promesa solo afecta a la economía en el momento que se intercambia.   Y si se intercambia es porque existen bienes presentes que adquirir, es decir, existe ahorro que se corresponde en valor con esas promesas.   En nuestro ejemplo serían las herramientas.   Mientras el minero no haga uso de la promesa, no hay doble disponibilidad sobre el único ahorro existente (las 100 monedas), y cuando la usa es porque ya existe el ahorro adicional correspondiente.

¿Cual es el problema entonces?    El problema es que por ejemplo el Emprendedor pierda las 100 monedas de oro, es decir que dilapide o consuma el ahorro existente.

Hablando ya en general, el problema es que pretendemos poner a trabajar un porcentaje muy elevado de todo nuestro ahorro, y eso es extremadamente arriesgado.     Cuando gran parte del ahorro existente está “hipotecado” corremos el riesgo de que a la mínima fluctuación en la cantidad o  valor de ese ahorro y/o en las rentas que pueda producir ese ahorro, se produzca una quiebra del sistema.    Es decir en el momento que se concede crédito, el ahorro tiene que existir, pero lo que si puede pasar es que una vez concedidos los créditos se produzca un descenso en la cantidad o valor del ahorro, y solo a partir de entonces es cuando el valor de las promesas podría ser mayor que el ahorro.   Es decir “Activo < Pasivo = Quiebra”.

Los principios básicos del capitalismo, o sin ponernos tan técnicos la Fábula de la Cigarra y la Hormiga, nos hacen ver que la acumulación de capital (el ahorro) es imprescindible si queremos ser prósperos.    Pero si vía crédito disponemos de todo el ahorro existente para consumirlo o ponerlo en riesgo (invertirlo), no tendremos suficiente ahorro apartado para solventar la situación en caso de que las cosas salgan mal.   Igual que un explorador que emprende una travesía por el desierto sin llevar consigo agua “ahorrada”, confiando en encontrar un oasis cada vez que la sed apriete.

Enlace al siguiente post de esta serie –>

¿Que es el interés y que tiene que ver con el tiempo?

El tiempo es un concepto con el que estamos acostumbrados a tratar de forma cotidiana.  Horas, minutos, meses, años… son las unidades de las que nos hemos provisto para poder manejarnos bien en el concepto tiempo.

Cuantificar el tiempo en unidades estándar es simplemente una cuestión práctica, posiblemente lo hacemos porque trasladamos la misma forma de trabajar que tenemos con el espacio (metros, millas, kilómetros), que es algo mucho más tangible y físico.

El caso es que la “espacialización” del tiempo partiéndolo en unidades estándar como días o segundos es muy útil en la física, y también es muy útil en economía.    Pero hemos de tener cuidado al trasladar los conceptos de la física a los conceptos de la economía.  Ya decía Heráclito que lo único permanente es el cambio en si mismo.  El tiempo es cambio, y sin cambio no puede haber tiempo.   En definitiva, el tiempo es una sucesión de cambios.

En física los cambios son achacables sobre todo a la acción natural (la gravedad, el óxido de un metal, la maduración de un fruto, etc…).  En economía además de la acción natural deberemos tener mucho más en cuenta los cambios inducidos por la acción humana.

Si tenemos en cuenta la teoría del valor subjetivo, el hecho de advertir que el tiempo es una sucesión de cambios es muy importante.  ¿Por qué? Porque cuando consideramos útil un bien, por ejemplo un vaso de agua, lo más importante en esa consideración es lo sedientos que estemos, no el vaso de agua en si.   Y todo cambio en nuestro nivel de sed implicará una valoración distinta del mismo vaso de agua.   Muy simplificadamente, esto es la teoría del valor subjetivo puesta en relación con el tiempo (entendido como cambio).

En este sentido, no solo es relevante que un bien pueda o no permanecer fisicamente inalterado, o incluso que pueda crecer o dar frutos.  Como exponíamos más arriba con el ejemplo del vaso de agua y nuestro nivel de sed, son tan importantes o incluso a veces más, los cambios en nuestra apreciación subjetiva de los bienes.  No valoramos igual una manta en verano que en invierno, y sin embargo la manta es fisicamente la misma en ambos momentos.  Mientras la manta no se deteriore significativamente sería admisible decir que es la misma manta en términos físicos, sin embargo es distinta en términos económicos!!

Por eso el enfoque de la Teoría de la Preferencia Temporal no es adecuado.  La teoría de la preferencia temporal pretende comparar un mismo bien en el presente y en el futuro, cuando no pueden ser idénticos.  Sobre todo porque ya hemos visto que lo importante no es el bien en si, sino el sujeto que lo valora.  La preferencia temporal dice:  “A igualdad de circunstancias (ceteris paribus) el ser humano prefiere los bienes presentes a los bienes futuros”.   Esta afirmación tiene los siguientes problemas:

  • Si introducimos la condición “a igualdad de circunstancias” (o “ceteris paribus“) estamos poniendo la condición de que nada cambie, y si nada cambia entonces no transcurre tiempo.  Y si no transcurre tiempo,  los bienes futuros no son tales.   No olvidemos que el tiempo no son segundos o minutos, el tiempo es cambio.
  • Además, la utilización del condicionante ceteres paribus denota un tratamiento lineal del tiempo, como si lo relevante fuese que únicamente  transcurran dias, meses o años, que solo son conceptos abstractos, cuando lo importante son los cambios que se producen.   El cambio no se produce necesariamente de forma lineal y constante, también puede producirse de forma abrupta e irregular.

Por eso el tiempo es valioso.   Porque tenemos una absoluta falta de control sobre el tiempo, nos produce incertidumbre (cambios), y sobre todo el hecho de que la disponibilidad de tiempo es muy escasa y limitada, y por tanto valiosa, para el ser humano.   Y ya sabemos que todo lo que el ser humano valora es susceptible de intercambiarse.  Y si algo se intercambia automáticamente genera un precio. ¿Cual sería entonces el precio del tiempo cuando se intercambia?: El interés.

Pero claro, el tiempo no se puede intercambiar así como así porque no es algo tangible.  El tiempo se tiene que materializar en otros bienes para poder ser intercambiado, de la misma forma que la música, cuando no es en directo, se intercambia a través de en un soporte (una partitura, un CD o un mp3).

¿Y como se materializa el tiempo en un bien?  Pues a través del préstamo de bienes presentes.  Si yo necesito trigo y  tengo un campo de trigo ,y  además se que con mucha probabilidad en un plazo de tiempo dispondré de una cosecha de grano, puedo pedirlo prestado y devolverlo cuando coseche mi propio campo.  No tengo la total certeza pero si la suficiente seguridad, siempre subjetiva, de que dispondré de ese grano en el futuro para poder devolverlo.

Yo no tengo la capacidad de hacer que pase el tiempo más rápido en mi campo de trigo para cosechar antes, es imposible.   Lo único que está en mi mano  es pedir el grano que necesite  prestado,  y lo hago  porque tengo la suficiente seguridad de que podré devolverlo en el futuro.   Mi problema no es el trigo, porque se que lo tendré, mi gran problema es el tiempo.  Por eso cuando pido el trigo prestado estoy en realidad intercambiando tiempo, y pagaré una contraprestación, el interés, por ese “pequeño viaje económico en el tiempo”.

Este artículo pretende ser una puerta de entrada al nuevo trabajo de Carlos Bondone, donde realiza un análisis exhaustivo y brillante de las teorías del interés comparandólas con los planteamientos de su Teoría del Tiempo Económico (TTE), que ofrece un paradigma más general y por tanto más potente desde el punto de vista teórico.  Y digo más potente porque:

  1. trata el tiempo como un bien económico más respetando el axioma “propietario-bien económico-precio”
  2. y porque al mantener que el ser humano valora más los bienes económicos que estén en mejor relación temporal con la necesidad que satisfacen (manta en invierno vs. manta en verano), engloba  la preferencia por los bienes presentes como una particularidad de la teoría del interés, no una generalidad.  Ya que, por ejemplo, la preferencia permanente por los bienes presentes no explica satisfaccioriamente el ahorro ni la acumulación de capital, que consiste precisamente en preferir aplazar nuestras necesidades al futuro.

Para leer detalladamente el análisis de Carlos Bondone sobre la teoría del interés, aquí está el enlace al documento pdf completo.

El valor del dinero (I)

¿Por qué otorgamos valor al dinero?  Es una pregunta que nos hacemos muchas veces, y que ha sido asunto de largas cavilaciones incluso por parte de los grandes pensadores de la historia de la filosofía.   ¿Como es posible que entreguemos vestidos o alimentos a cambio de unos discos metálicos, se preguntaban?  Hoy día intercambiamos nuestro trabajo y nuestros bienes por pequeños trozos de celulosa con tinta, o incluso nos basta con una simple anotación en la contabilidad de un banco. ¿Por que?

Algunos dicen que es una convención social, otros que son los gobiernos al acuñar moneda los que otorgan valor a esos discos metálicos o trozos de celulosa.   Carl Menger, en su libro principios de economía política hizo un inconmensurable compendio y análisis de este asunto, demostrando de forma muy sencilla que el dinero tiene su origen en el libre mercado y no en ningún otro sitio o ente.

En su observación histórica, muestra como el mercado va seleccionando los bienes que se venden más fácilmente por su alta demanda.  Fue el caso de la sal, el trigo o el ganado.  Además, esos bienes debían tener ciertas propiedades que facilitasen su uso como moneda de cambio.  Por ejemplo que fuese fácil de transportar, homogéneo, relativamente escaso, divisible, que conserve su valor…   El ganado por ejemplo fue usado como moneda de cambio durante mucho tiempo porque se transportaba a si mismo, cada cabeza de ganado era bastante valiosa y relativamente homogéneo, pero sin embargo al ser perecedero conservaba su valor durante un tiempo limitado, solo era divisible una vez sacrificado y además sus divisiones ya no eran homogéneas (un jamón, una paletilla, un lomo…).

Despues de ir testeando multitud de bienes, el mercado acabó por seleccionar la playta y el oro como mejores monedas de cambio.   Con los conocimientos metalúrgicos necesarios, los metales cumplen fácilmente con los requisitos de homogeneidad y divisibilidad, además la escasez y los usos ornamentales del oro y la plata hacían que poca cantidad de metal representase mucho valor, por lo que enseguida superaron con creces al ganado en facilidad de transporte.  Además en el caso del oro su altísima densidad (casi el doble que el plomo) lo hizo extremadamente difícil de falsificar, ya que una moneda falsa es mucho más ligera que una auténtica.

El proceso de acuñación fue una invención práctica del mercado, que sirvió para estandarizar tamaños de moneda y evitar el engorroso proceso de estar pesando las pepitas de oro o plata antes de cada intercambio.  Posteriormente los Estados copiaron el invento de la acuñación, pretendiendo hacer creer que su cuño era lo que otorgaba valor a las monedas.   Pero los hechos han demostrado con tozudez que cuando ese cuño pretende representar un valor arbitrario, a los agentes económicos les trae absolutamente sin cuidado el cuño en cuestión, asignando a la moneda el valor que el mercado “considera” adecuado. La inflación o deflación monetaria es un hecho que demuestra continuamente lo que estamos exponiendo.  En ese sentido, la época en la que el dolar estuvo oficialmente vinculado a una cantidad de oro es una demostración categórica.

Más arriba decíamos que actualmente nos basta con una anotación en la contabilidad de un banco.   Las anotaciones en cuenta son también un medio de intercambio muy interesante, son muy cómodas porque por ejemplo permiten hacer grandes transacciones sin mover una sola moneda de oro de su sitio.

La banca hoy día funciona de forma que nuestras cuentas corrientes son en realidad una deuda que el banco tiene con nosotros, e intenta organizarse de forma que cuando le pidamos lo que nos corresponde, tenga suficiente para satisfacer nuestra petición.   Es decir, estas anotaciones en cuenta son crédito que nosotros le otorgamos al banco.   El crédito o promesa de pago también tiene cualidades monetarias, y las tiene por si mismo sin necesidad de estar referenciado a ningún bien, la solvencia y seriedad del deudor  pueden ser suficientes para aceptar por ejemplo un pagaré.   Además el mercado es muy capaz de valorar el valor de una deuda, basándose precisamente en la solvencia del deudor y en el valor de los bienes que estén en el activo del deudor.

Bien, dicho esto, el economista Ludwig Von Mises elaboró una teoría basándose en la obra de Carl Menger con la que explica porqué las monedas fiat (artificiales) tienen valor.  Esta teoría dice que hay que retrotraerse en el tiempo porque si tiramos del hilo de la historia de la moneda en cuestión llegaremos a un punto en que el valor de la moneda tuvo que estar ligado a algún bien (oro, plata) y que ese bien en algún momento además tuvo valor por uno o varios usos no monetarios (ornamentación, prótesis dentales, etc…).

Sin embargo, el economista Carlos Bondone sostiene que la teoría de Mises no es la más apropiada, ni tampoco una buena interpretación de la obra de Carl Menger.   Bondone propone una teoría más general y por tanto más solida en la que explica que la utilidad monetaria es una utilidad como otra cualquiera y que el mercado está perfectamente capacitado para otorgar valor a la moneda, sea esta un bien físico como el oro, o crédito como el dólar.

Muchos economistas de la escuela austriaca sostienen que la utilidad monetaria no es un fin es si mismo, argumento que me resulta difícil de aceptar desde el momento en que una gran parte de nuestras acciones económicas son pasos intermedios e incluso es habitual que actuemos sin un fin determinado, como cuando en un viaje llevamos efectivo para cualquier imprevisto.   Es más, la moneda cumple precisamente la función de neutralizar la incertidumbre.  Es muy complicado conocer nuestras necesidades a largo, medio incluso a veces a corto plazo, pero si tenemos moneda en nuestro poder, ésta  ejerce de comodín ante cualquier necesidad que nos pueda surgir.   Cualquier cosa que nos ayude a suavizar la incertidumbre del futuro es tremendamente valiosa.

No voy a negar que los bienes que tienen más de una utilidad, sea ésta final o intermedia, tienden a ser más valorados.  Lógico, porque son bienes capaces de cubrir más de una necesidad, por ejemplo el cobre se usa para hacer tuberías, cables eléctricos, o si se funde con Zinc obtenemos latón, aleación que se usaba antes en los barcos porque resistía bastante bien el agua del mar.  Si el cobre tuviese un solo uso sería entendible que el mercado le otorgase un valor inferior.   Por ejemplo, si solo sirviese para hacer tuberías.  Ahora bien, ¿Las tuberías son un fin en si mismo?, ¿ o el fin lo satisface el agua que transportan y por tanto las tuberías son un medio?.

En definitiva, sin perjuicio de que la teoría económica desarrolle el estudio y la diferenciación entre utilidades finales o intermedias, creo que como concepto general se puede afirmar que el mercado valora todo aquello que considera útil (y escaso), independientemente que dicha utilidad sea final o intermedia.  De forma que todo aquello que sea un medio de intercambio generalmente aceptado (moneda), puede ser “legítimamente” útil, y por tanto valioso, tan solo por esa razón.

Manuel Polavieja.

El tiempo como factor de producción y los tipos de interés “negativos”

Me he dado cuenta de que las teorías económicas vigentes, no suelen hablar del factor tiempo a la hora de producir bienes de capital.  No es de extrañar ya que la teoría predominante, que es la Keynesiana, deja mucho que desear en cuanto a teoría del capital.  El profesor Rallo explica muy bien esta carencia.

En mi empeño por poner en práctica la teoría del tiempo económico de Carlos Bondone, voy a intentar hacer un breve análisis de como afecta el tiempo a la producción de bienes de capital.   ¿Que necesitamos para fabricar un bien de capital como puede ser un molino o una furgoneta de reparto?   Pues casi por reducción al absurdo podriamos decir que el ingrediente principal es el tiempo ¿no es así?  Sin que transcurra tiempo, dificilmente podremos fabricar nada.

Creo que las teorías vigentes no tienen en cuenta este hecho porque lo dan por supuesto o como condición imprescindible.   Pero no creo que por eso, por su obviedad u obligatoriedad, haya que ignorar el tiempo como factor de producción, de la misma forma que lo es el acero para fabricar la furgoneta de reparto.

Por otro lado, creo que es importante destacar el papel que juega el tiempo a la hora de obtener o producir bienes presentes en oposición a los bienes futuros.   Los bienes futuros son ideas, compromisos (dentro de un mes te daré un coche), y por tanto crearlos es una tarea que consume una cantidad de tiempo muy pequeña, podríamos decir que muchas veces no será una cantidad de tiempo económicamente significativa.   Por ejemplo, crear un pagaré por 1.000.000€ puede ser cuestión de segundos.

Sin embargo los bienes económicos presentes requieren tiempo para ser obtenidos o producidos, especialmente si son escasos y/o valiosos.   Por eso es tán importante diferenciar entre el dinero y el crédito cuando ambos se utilizan como moneda.  El primero es un bien presente (oro, ganado, sal) y el segundo es un bien futuro (un pagaré o un apunte contable).    En particular, los bienes presentes que además son bienes de capital, suelen ser significativamente valorados, y los que requieren de mucho tiempo para ser producidos suelen ser valorados aún más, ya que de no ser así los empresarios no emplearían su valioso tiempo en producirlos.

El ser humano dispone de un tiempo limitado, es una cuestión natural que estamos obligados a padecer.  Por eso, desde el punto de vista de la economía, es impensable plantearse que el tiempo no tiene valor o que su valor es negativo.  Solo para un difunto esto sería cierto, pero estaremos de acuerdo que las valoraciones subjetivas de los difuntos no entran en el campo de estudio de la economía.  Buscándole tres pies al gato, podríamos decir que un suicida podría no valorar el tiempo, en este caso entonces la percepción subjetiva del suicida es que para él, el tiempo no es un bien económico.  Pero estaremos también de acuerdo en que la gran mayoría de las personas consideran valioso su tiempo, y por tanto otorgan al tiempo la categoría de bien económico.

Por eso, porque el tiempo siempre es un bien económico, y porque el precio de todo bien económico es mayor que cero (de lo contrario no sería un bien económico) el interés, que es el precio del tiempo, no puede ser negativo.    Un precio cero o negativo en economía es como en física pensar que  un objetono tiene masa o ésta es negativa.

Tampoco nos debe confundir lo que se suele llamar “tipos reales negativos”, cuando a los tipos nominales se le resta la tasa de inflación y obtenemos un resultado negativo.   Una cosa es el precio del tiempo, y otra muy distinta una depreciación de la moneda que estemos utilizando como referencia en ese momento.   La inflación no deja de ser una prima de riesgo por impago que se añade al tipo nominal.

Por otro lado, tampoco me gustaría olvidarme de mencionar que es un hecho que el mercado a veces ha descontado “tipos nominales negativos”, por ejemplo las T-Bill a corto plazo cuando la crisis de Lehman.   Pero entiendo que la interpretación correcta de ese hecho es que los compradores de letras estaban demandando (pagando) por mantener su capital a salvo (una especie de pago por servicios de custodia), no debemos entender que estuviesen pagando por prestar.   Esta situación se debe a que el mercado elige de lo peor lo menos malo y ante un temor de quiebra bancaria generalizada, se percibía que el aun solvente Estado americano era una mejor opción que cualquier banco, ya que “gracias” a la reserva fraccionaria no existe la opción de acceder a un verdadero servicio de depósito.

El valor de las bolsas vs. PIB

Otro ratio muy interesante.  Este es el valor del mercado bursátil dividido por el PIB (al ser un ratio, nos libramos de la tremenda distorsión que introducen las fluctuaciones del dólar).   Se puede ver la fuerte sobrevaloración histórica que aun padecemos.

Algunos dirán, ya… pero es que en 1950 el desarrollo y la tecnología era muy inferior (Internet, ordenadores, transporte, comunicaciones, etc…).  Vale, entonces porque esa tecnología no se refleja también en el PIB ¿o es que aun no ha dado tiempo?

En mi opinión cualquier valor por encima del 60% es muy peligroso.

Es también muy elocuente el gráfico que representa la proporción de deuda en relación con el PIB.

La mayor burbuja de crédito de la historia

El gráfico es elocuente.  Representa la relación entre el total de deuda en los EEUU (publica y privada) en relación con el PIB, lo bueno es que tanto la deuda (numerador) como el PIB (denominador) estan expresados en dólares, con lo que el gráfico está totalmente libre de cualquier distorsión por inflación o deflación.  Esto solo puede acabar de una forma y creo que la única cuestión es cuando.

 

Por cierto, para los inflacionistas: Oberservad el nivel de deuda que había en 1970. Cuando el nivel de deuda es bajo el escenario de inflación es mucho más factible, ya que hay mucho margen para crear nueva deuda y monetizarla. Cuando el nivel de endeudamiento es tan alto, es poco probable esperar una inflación o hiperinflación porque es muy dificil ya generar nueva deuda que monetizar y sobre todo, que cuanto más deuda hay creada más amortizaciones se generarán, y más dificil es que crezca el nivel de deuda global.

La consecuencia más probable de la gran burbuja de crédito que refleja este gráfico es una fuerte contracción del crédito, es decir: deflación.

El verdadero problema de la moneda fiduciaria

El profesor Fekete ha comenzado el año escribiendo tres nuevos artículos.    El primero de ellos titulado “Una navegación segura requiere una medición adecuada” denuncia la falta de una unidad de medida estable con la que realizar el cálculo económico.   A lo largo del artículo hace una exposición resumida de la definición de dinero, con la que disentimos profundamente ya que comete el grave error de unificar los conceptos moneda y dinero en uno solo, que tal y como explicamos aquí conduce a una serie de gravísimos problemas teóricos.  Aún así, no le falta razón al profesor al protestar por una falta de unidad de cuenta estable, y en este sentido de nuevo el economista Carlos Bondone aporta una solución en su Teoría de la Relatividad Económica (capitulos X, XI y XII) al proponer un nuevo modelo contable donde se registren separadamente los bienes presentes y los bienes futuros.

En el siguiente artículo titulado Oro y Miel, que es en realidad una carta dirigida al presidente de la Reserva Federal de Kansas Thomas Hoening, Fekete explica como debería reinstaurarse el patrón oro, sin “olvidar” esta vez el mercado de las “Real Bills”.  En el punto (3) hace una interesantísima observación y es que el papel del oro no es tanto estabilizar los precios en general sino estabilizar el precio del crédito en particular, es decir estabilizar la tasa de interés.

En este sentido, estoy de acuerdo en que lo verdaderamente grave es la “distorsión” de los tipos de interés, pero difiero de la interpretación de Fekete sobre la causa de esa distorsión, que se refleja actualmente en una estructura descendiente de los tipos de interés.   La simple propensión de los agentes por endeudarse puede ser condición suficiente para generar unos tipos de interés descendientes:

  • Para empezar, cuando la mayoría de los agentes decide que quiere endeudarse y además de ellos depende elegir el sistema monetario, se adoptará el sistema que permita lo que ellos pretenden.  Si se han decapitado reyes, ¿como no va a derogarse el patrón oro si es lo que demandan los agentes ya sea por activa o por pasiva?.   Además los banqueros, especialisas en los asuntos del dinero y en comerciar con el crédito, siempre estarán dispuestos a utilizar su importante influencia para apoyar cualquier iniciativa en esa dirección.
  • Una vez que se abre la autopista del endeudamiento (moneda fiduciaria, reserva fraccionaria…), la carrera de la expansión del crédito solo llevará a unos tipos de interés descendientes, por el simple hecho de que cuanta más gente haya endeudada, quedará menos gente con capacidad para endeudarse.   Si lo llevamos a un extremo, cuando todo el mundo está endeudado al máximo de su capacidad, la demanda de crédito sera 0.  Y cuando un bien (el crédito) carece de demanda, su precio (el interés) es 0.
  • No debemos confundir el tipo de interés con la prima de riesgo por inflación.   Una de las consecuencias de la expansión del crédito y su monetización es la inflación, pero este fenómeno no tiene ninguna relevancia en la tasa de interes real o “natural”.  Es tan solo una prima de riesgo por impago parcial al esperar el acreedor una depreciación del bien prestado durane la vida del préstamo.  Como explicamos aquí el interés es el precio del crédito, y el crédito es intercambio de tiempo económico.

Finalmente estoy de acuerdo con el pronóstico deflacionista de Fekete para esta crisis, primero deflación y después hiperinflación.  Estamos viviendo el final de una gran burbuja de crédito, la consecuencia de 100 años de expansión de crédito e inflación será una contracción crediticia de similares proporciones.  Es sorprendente que la mayoría de los economistas, incluyendo muchos austriacos, no se den cuenta de que cuanto mayor es la cantidad de deuda emitida, más difícil se hace su expansión.   La corriente de amortizaciones y/o impagos de deuda crece en proporción con la cantidad de deuda existente en el sistema.  Llegado un punto, por mucha cantidad de deuda nueva que se genere no podrá contrarrestar el flujo de amortizaciones.   Es contabilidad básica.

Confusión entre dinero y crédito

Uno de los problemas más graves de las teorías económicas vigentes, es su incapacidad para  diferenciar claramente entre dinero y crédito.  La mayoría de las teorías sostienen que el dinero es el medio de intercambio generalmente aceptado.   Y la verdad es que en lenguaje llano parece tan solo una cuestión de semántica.   Solemos intercambiar las palabras moneda y dinero con preferencia por la última del mismo modo que en lenguaje llano nunca preguntamos “¿cual es tu masa?” sino “¿cuanto pesas?”

Sin embargo, si queremos ser rigurosos la física nos aporta los fundamentos teóricos apropiados y nos dice claramente que una cosa es el peso, y otra muy distinta la masa.   Sin esta diferenciación, poner un satélite en órbita sería una auténtica pesadilla.  Seguramente sería imposible.

De forma similar a como ocurriría con el peso y la masa en física, en economía fusionar los conceptos dinero y crédito es un error gravísimo.  Tampoco saldríamos de ese tremendo error si incluimos un concepto como subconcepto del otro, es decir, afirmar por ejemplo que el crédito es un tipo de dinero, porque seguiríamos afirmando entonces que el crédito es dinero.

Para tener un marco teórico sólido en cualquier ámbito científico, no importa que se trate de ciencias naturales o sociales,  hace falta categorizar los conceptos adecuadamente, no importa tanto el nombre que les pongamos, sino el hecho de que los conceptos y categorías estén correctamente estructurados.  En mi opinión las aportaciones con más rigor científico en este sentido son las de Carl Menger en sus Principios de Economia Política y Carlos Bondone en su Teoría del Tiempo Económico (TTE).

Bondone propone que en teoría monetaria será necesario añadir un concepto adicional.  Este concepto sería el de moneda, cuya definición es medio de intercambio indirecto (el trueque sería intercambio directo).  A continuación es necesario restringir el concepto de dinero solo a los bienes económicos presentes como pueden ser el trigo, el oro, la plata, etc.    Utilizaremos el término “dinero” porque cronológicamente la primera moneda que empleó el hombre fueron bienes presentes (dinero).

A estos efectos, definiremos crédito como un derecho a recibir bienes presentes en el futuro.  Si se especifica la cantidad, calidad del bien a recibir y una fecha de vencimiento, hablaremos de crédito regular.  Si falta alguno de esos requisitos, entonces estaremos hablando de crédito irregular.   Aquí hago un análisis un poco más detallado del concepto de crédito a la luz de la TTE.

Por último, toda moneda que no sea dinero (bien presente), solo puede ser crédito.  Así nos quedaríamos con la siguiente estructura teórica:

Moneda:  Medio de intercambio indirecto y unidad de cuenta.  Tipos de moneda:

  • Dinero: Bien presente utilizado como moneda (sal, trigo, oro, plata, certificados de depósito de oro o plata, etc.).  Ojo, la sal o el oro solo alcanzarán la categoría de dinero cuando se utilizan como moneda, mientras tanto serán simplemente bienes económicos.
  • Crédito:  Toda moneda que no sea dinero, solo puede ser crédito (letras de cambio, pagarés, dolares, euros, etc.).  Como hemos dicho antes, el crédito puede ser regular como un billete de banco convertible en plata u oro o irregular como los actuales Euros o dolares, donde no se especifica que bien recibiremos, ni su cantidad, ni su calidad ni en que fecha.

La utilización del crédito como moneda fue un gran avance económico, similar a la transición del trueque al uso del dinero.  Sin embargo, mientras que el crédito regular no suele generar problemas, el crédito irregular si que es verdaderamente problemático.   Si a esto se le suma la confusión entre dinero y crédito, de forma que al crédito irregular se le otorgue la categoría de dinero, entonces los problemas son mucho mayores.

Si para conceder crédito es imprescindible un bien presente que poder prestar, y al mismo tiempo otorgamos a los Euros la categoría de bien presente (dinero), cuando sabemos que los Euros no son bienes presentes sino crédito, entonces estaremos admitiendo que es científicamente posible la creación instantánea e infinita de bienes presentes!!!   Que sería como admitir que es posible construir un edificio de infinitas plantas.  De manera que sería lo mismo construir un edificio sobre el suelo de un terreno, que sobre el suelo de la planta 98 de un rascacielos  ¿Por el hecho de llamar  suelo a las dos cosas y que ambas puedan tener usos parecidos podemos decir que tienen las mismas propiedades científicas?

Si aceptásemos que es científicamente correcto que cualquier suelo es igualmente valido para edificar, se haría muy complicado y penoso rebatir que un edificio puede tener infinitas plantas, aunque intuyamos claramente que es insostenible.   El crédito (edificio) solo puede surgir del dinero (suelo), pero si aceptamos que “crédito=dinero” entonces se podrá generar crédito sobre crédito hasta el infinito.  Al no rechazar de plano el error de concepto, convalidamos por pasiva el error científico “dinero=crédito”, y nos vemos obligados a dar mil y un argumentos de porque eso no es bueno ni recomendable.

Al final, a todo aquel que haga un mal uso del concepto del dinero haciendo denuncias del tipo “los bancos imprimen dinero de la nada” (en realidad no hacen tal cosa, si no que emiten moneda-crédito) se le calificará de aguafiestas o anticuado, cuando en realidad su protesta está llena de razón solo que está científicamente mal planteada.  Debería decir  “Sres. Banqueros centrales, no pretendan hacernos creer que crean dinero (riqueza) porque eso es científicamente imposible, lo que ustedes están haciendo al emitir moneda es endeudarse de forma extremadamente imprudente”.

El endeudamiento intensivo junto con un exceso de confianza en el futuro es una tentadora y peligrosa combinación que suele acabar en desgracias innecesarias.   Por eso es vital que la ciencia económica sea capaz de aportar un conocimiento científico apropiado y riguroso.

Manuel Polavieja.

 

Nota: En breve subiré un post donde intentaré explicar porqué la propuesta  en Teoría Monetaria de Carlos Bondone es más precisa y preferible a la de Mises o Hayek.

 
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