El Economista Prudente

Ideas para preservar tu capital

Archivos mensuales: octubre 2011

Sobre el agotamiento de recursos naturales (“peak oil”)

Antes de nada quiero dejar claro que no soy un experto en temas de energía ni geología, pero la idea de este post no es entrar en profundidad sobre el asunto, sino simplemente tratar de buscar una buena forma de medir los precios de los recursos naturales, en concreto el precio del petroleo.

Como he comentado varias veces en distintos posts de este blog, el dólar (y cualquier otra moneda actual) es un instrumento de medida de valor muy malo ya que su valor fluctúa muchísimo, especialmente en el largo plazo.  Entonces, ¿Podríamos utilizar el oro como vara de medir?

Antes de responder esa pregunta, hay que tener en cuenta que en economía todos los precios son relativos.   El concepto precio es de hecho la relación de intercambio entre dos bienes (un cubata por 8 Euros, o 2 huevos por 1 tomate) , y en esa relación pesan las valoraciones de ambos bienes, no importa que uno de los bienes sea moneda (precios monetarios) o no (trueque).   Con el oro pasa exactamente igual, porque por muy estable que sea el valor del oro (que de hecho lo es),  su valor obviamente también fluctúa.

Ante una situación de escasez de recursos naturales y sobre todo ante una situación de escasez de energía (petróleo), los costes de extracción del oro también subirían, porque la producción de oro requiere de mucha energía.   Pero cuidado, mayores costes no implican necesariamente mayores precios, porque los precios dependen en primera instancia de que el bien en cuestión sea útil o necesario, y de la relación de esa utilidad con la cantidad existente del bien (utilidad marginal).

A diferencia del petróleo, el oro no se consume.  Prácticamente todo el oro que la humanidad ha extraído a lo largo de la historia sigue sobre la superficie de la tierra y se sigue usando.   La utilidad principal del oro es su uso monetario o su uso como depósito de valor, incluso el oro destinado a joyería, que representa el 75% de la producción anual aproximadamente, también cumple el fin de depósito de valor y es reciclable practicamente en su totalidad.   

A lo que voy es que si damos por cierto que hemos llegado irremediablemente a una situación “peak” en nuestros recursos naturales, y en especial en lo referente al petróleo (“peak oil”), y todo ello desemboca en una economía que cada vez es capaz de producir menos bienes, entonces es irrelevante que sea más caro producir oro porque en una situación así, es más que suficiente con el oro que ya tenemos, incluso es posible que nos sobre oro (siempre bajo la premisa de que la economía ya solo podría decrecer).     Por tanto, creo que si se estuviese acabando el petróleo, éste debería revalorizarse claramente con respecto al oro, y de momento no es así.  Sigue en la misma franja de fluctuación de siempre:


A diferencia de los recursos energéticos, que son un ingrediente indispensable para poder producir, el oro es un bien auxiliar a la economía, cuya función principal es proporcionar liquidez y/o depósito de valor a los agentes.  Es decir, estoy de acuerdo que la economía difícilmente podría progresar sin energía, y en la sociedad actual una gran escasez de energía implicaría con mucha seguridad subidas en su precio.     Pero con respecto al oro, una economía podría vivir perfectamente sin una sola pepita.  Aun siendo el mejor dinero que existe, el oro no es un input imprescindible para el desarrollo económico.

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¿Que es el interés y que tiene que ver con el tiempo?

El tiempo es un concepto con el que estamos acostumbrados a tratar de forma cotidiana.  Horas, minutos, meses, años… son las unidades de las que nos hemos provisto para poder manejarnos bien en el concepto tiempo.

Cuantificar el tiempo en unidades estándar es simplemente una cuestión práctica, posiblemente lo hacemos porque trasladamos la misma forma de trabajar que tenemos con el espacio (metros, millas, kilómetros), que es algo mucho más tangible y físico.

El caso es que la “espacialización” del tiempo partiéndolo en unidades estándar como días o segundos es muy útil en la física, y también es muy útil en economía.    Pero hemos de tener cuidado al trasladar los conceptos de la física a los conceptos de la economía.  Ya decía Heráclito que lo único permanente es el cambio en si mismo.  El tiempo es cambio, y sin cambio no puede haber tiempo.   En definitiva, el tiempo es una sucesión de cambios.

En física los cambios son achacables sobre todo a la acción natural (la gravedad, el óxido de un metal, la maduración de un fruto, etc…).  En economía además de la acción natural deberemos tener mucho más en cuenta los cambios inducidos por la acción humana.

Si tenemos en cuenta la teoría del valor subjetivo, el hecho de advertir que el tiempo es una sucesión de cambios es muy importante.  ¿Por qué? Porque cuando consideramos útil un bien, por ejemplo un vaso de agua, lo más importante en esa consideración es lo sedientos que estemos, no el vaso de agua en si.   Y todo cambio en nuestro nivel de sed implicará una valoración distinta del mismo vaso de agua.   Muy simplificadamente, esto es la teoría del valor subjetivo puesta en relación con el tiempo (entendido como cambio).

En este sentido, no solo es relevante que un bien pueda o no permanecer fisicamente inalterado, o incluso que pueda crecer o dar frutos.  Como exponíamos más arriba con el ejemplo del vaso de agua y nuestro nivel de sed, son tan importantes o incluso a veces más, los cambios en nuestra apreciación subjetiva de los bienes.  No valoramos igual una manta en verano que en invierno, y sin embargo la manta es fisicamente la misma en ambos momentos.  Mientras la manta no se deteriore significativamente sería admisible decir que es la misma manta en términos físicos, sin embargo es distinta en términos económicos!!

Por eso el enfoque de la Teoría de la Preferencia Temporal no es adecuado.  La teoría de la preferencia temporal pretende comparar un mismo bien en el presente y en el futuro, cuando no pueden ser idénticos.  Sobre todo porque ya hemos visto que lo importante no es el bien en si, sino el sujeto que lo valora.  La preferencia temporal dice:  “A igualdad de circunstancias (ceteris paribus) el ser humano prefiere los bienes presentes a los bienes futuros”.   Esta afirmación tiene los siguientes problemas:

  • Si introducimos la condición “a igualdad de circunstancias” (o “ceteris paribus“) estamos poniendo la condición de que nada cambie, y si nada cambia entonces no transcurre tiempo.  Y si no transcurre tiempo,  los bienes futuros no son tales.   No olvidemos que el tiempo no son segundos o minutos, el tiempo es cambio.
  • Además, la utilización del condicionante ceteres paribus denota un tratamiento lineal del tiempo, como si lo relevante fuese que únicamente  transcurran dias, meses o años, que solo son conceptos abstractos, cuando lo importante son los cambios que se producen.   El cambio no se produce necesariamente de forma lineal y constante, también puede producirse de forma abrupta e irregular.

Por eso el tiempo es valioso.   Porque tenemos una absoluta falta de control sobre el tiempo, nos produce incertidumbre (cambios), y sobre todo el hecho de que la disponibilidad de tiempo es muy escasa y limitada, y por tanto valiosa, para el ser humano.   Y ya sabemos que todo lo que el ser humano valora es susceptible de intercambiarse.  Y si algo se intercambia automáticamente genera un precio. ¿Cual sería entonces el precio del tiempo cuando se intercambia?: El interés.

Pero claro, el tiempo no se puede intercambiar así como así porque no es algo tangible.  El tiempo se tiene que materializar en otros bienes para poder ser intercambiado, de la misma forma que la música, cuando no es en directo, se intercambia a través de en un soporte (una partitura, un CD o un mp3).

¿Y como se materializa el tiempo en un bien?  Pues a través del préstamo de bienes presentes.  Si yo necesito trigo y  tengo un campo de trigo ,y  además se que con mucha probabilidad en un plazo de tiempo dispondré de una cosecha de grano, puedo pedirlo prestado y devolverlo cuando coseche mi propio campo.  No tengo la total certeza pero si la suficiente seguridad, siempre subjetiva, de que dispondré de ese grano en el futuro para poder devolverlo.

Yo no tengo la capacidad de hacer que pase el tiempo más rápido en mi campo de trigo para cosechar antes, es imposible.   Lo único que está en mi mano  es pedir el grano que necesite  prestado,  y lo hago  porque tengo la suficiente seguridad de que podré devolverlo en el futuro.   Mi problema no es el trigo, porque se que lo tendré, mi gran problema es el tiempo.  Por eso cuando pido el trigo prestado estoy en realidad intercambiando tiempo, y pagaré una contraprestación, el interés, por ese “pequeño viaje económico en el tiempo”.

Este artículo pretende ser una puerta de entrada al nuevo trabajo de Carlos Bondone, donde realiza un análisis exhaustivo y brillante de las teorías del interés comparandólas con los planteamientos de su Teoría del Tiempo Económico (TTE), que ofrece un paradigma más general y por tanto más potente desde el punto de vista teórico.  Y digo más potente porque:

  1. trata el tiempo como un bien económico más respetando el axioma “propietario-bien económico-precio”
  2. y porque al mantener que el ser humano valora más los bienes económicos que estén en mejor relación temporal con la necesidad que satisfacen (manta en invierno vs. manta en verano), engloba  la preferencia por los bienes presentes como una particularidad de la teoría del interés, no una generalidad.  Ya que, por ejemplo, la preferencia permanente por los bienes presentes no explica satisfaccioriamente el ahorro ni la acumulación de capital, que consiste precisamente en preferir aplazar nuestras necesidades al futuro.

Para leer detalladamente el análisis de Carlos Bondone sobre la teoría del interés, aquí está el enlace al documento pdf completo.

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